El banco australiano Bendigo Bank, como muchos de los proveedores de tarjetas de crédito, sigue una serie de estrictas reglas establecidas con el objetivo de asegurar a sus clientes que cualquier disconformidad en relación con los cargos efectuados es gestionada con rapidez y eficacia.

Bendigo Bank dependía tradicionalmente de procesos manuales para gestionar este tipo de disputas, procesos que incluían relacionarse con diferentes sistemas, así como almacenar grandes cantidades de papel. Hasta que nuevas regulaciones obligaron a acelerar estos procesos y a dotarlos de visibilidad.

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